Boleta Única de Papel: la deuda pendiente con los pampeanos

¿Puede una democracia considerarse plenamente saludable cuando una misma fuerza política gobierna durante más de cuatro décadas y se resiste a incorporar herramientas que fortalecen la transparencia electoral? El debate sobre la Boleta Única de Papel obliga a La Pampa a hacerse esa pregunta. 

Por Noelia Viara – Diputada Provincial

La discusión sobre la Boleta Única de Papel expone una verdad incómoda para quienes han administrado el poder durante décadas en La Pampa: los sistemas electorales transparentes fortalecen a los ciudadanos, no a los aparatos políticos.

Nuestra provincia lleva más de cuarenta años gobernada por el Partido Justicialista. Cuatro décadas de continuidad política e institucional que han consolidado una estructura de poder similar a la de Formosa y La Rioja. Y precisamente por eso, la implementación de la Boleta Única de Papel no es solamente una reforma electoral. Es una reforma democrática.

Cuando una misma fuerza política gobierna durante tanto tiempo, las reglas deben evolucionar para garantizar que la competencia sea cada vez más transparente, equitativa y abierta. Lo contrario implica naturalizar ventajas que terminan favoreciendo al poder de turno y limitando las posibilidades de quienes buscan ofrecer una alternativa.

La Boleta Única de Papel viene a terminar con muchas de las prácticas asociadas al viejo sistema de boletas partidarias. Se termina el robo de boletas. Se termina el gasto millonario de imprimir miles de ejemplares que terminan en la basura. Se termina la ventaja de quienes cuentan con estructuras sostenidas durante años desde el poder para fiscalizar cada rincón de la provincia.

Pero existe una razón aún más importante: dificulta significativamente prácticas que durante años generaron sospechas y cuestionamientos, como la compra de votos, las boletas marcadas o el voto cadena.

Quienes se oponen a esta reforma suelen minimizar estas preocupaciones o presentarlas como simples argumentos de campaña. Sin embargo, los antecedentes existen y forman parte de la historia política reciente de nuestra provincia.

En las elecciones legislativas de 2017, La Pampa definió una banca por apenas 76 votos. Setenta y seis votos sobre cientos de miles emitidos. En ese contexto, hubo cuatro mesas impugnadas en la localidad de La Maruja y denuncias vinculadas a mecanismos de voto cadena y votos marcados. Más allá de las resoluciones que correspondieron en aquel momento, esos episodios pusieron en evidencia la fragilidad de un sistema que permite que este tipo de sospechas siquiera existan.

La democracia necesita reglas que impidan las irregularidades, no mecanismos que obliguen a discutirlas después de ocurridas.

La discusión de fondo es sencilla: decidir si queremos seguir permitiendo que la estructura electoral continúe funcionando como una prolongación del aparato partidario gobernante o si, finalmente, le devolvemos al ciudadano una herramienta que lo proteja: un documento único, oficial e igual para todos los partidos, donde nadie pueda condicionar, marcar ni controlar el voto de otro.

Por eso la Boleta Única de Papel representa un cambio de paradigma. Porque devuelve protagonismo al ciudadano y reduce la influencia de las estructuras partidarias sobre el proceso electoral.

No es casualidad que provincias como Córdoba, Santa Fe y Mendoza ya hayan avanzado en este camino. Tampoco es casualidad que cada vez más argentinos reclamen sistemas electorales modernos, transparentes y auditables.

Lo que resulta difícil de explicar es por qué La Pampa sigue demorando una reforma que cuenta con amplio consenso social y que ya ha demostrado funcionar exitosamente en las elecciones nacionales legislativas pasadas.

La respuesta parece evidente: toda reforma que reduzca privilegios genera resistencias en quienes se benefician del sistema vigente.

Estoy convencida de que la política debe estar al servicio de los ciudadanos y no de los aparatos partidarios. Estoy convencida de que el voto pertenece exclusivamente al elector y de que la transparencia electoral no puede depender de la buena voluntad de quienes gobiernan, sino de instituciones sólidas capaces de garantizarla.

La Boleta Única de Papel es una herramienta para devolverle poder al ciudadano.

Es una herramienta para garantizar igualdad entre las fuerzas políticas.

Es una herramienta para fortalecer la confianza pública en cada elección.

Después de cuarenta años, los pampeanos tenemos derecho a votar sin que nadie mire por encima del hombro, sin que nadie nos entregue un voto previamente condicionado y sin que el resultado dependa de cuántas boletas desaparecieron de una mesa. Esa es la deuda pendiente. Esta es la oportunidad de saldarla.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *